Puro ‘mindful’, con Duró y Estivill

Valía la pena reservar el día. En sesión continua, Emilio Duró y el doctor Eduard Estivill ofrecieron lecciones de vida a las más de sesenta personas que se dieron cita en la tienda de Gvtarra, en Villafranca, el pasado martes.

Los oradores fueron introducidos por el consejero delegado del Grupo Riberebro Eduardo López quien, antes de darles paso, recordó los principios que deben iluminar el futuro de la compañía: desarrollar actividades rentables, cumpliendo la misión que nos hemos dado.

Emilio Duró fue el primer conferenciante. El huracán de su discurso arrastró a todo el auditorio hacia una constante carcajada, porque este empresario, asesor y conferenciante roza la perfección a la hora de transmitir pensamientos de gran interés aderezados por un estilo que no desmerece el de los mejores humoristas del Club de la Comedia.

Sin duda tiene mérito la cruzada contra la tristeza y el pesimismo que emprendió hace más de dos décadas y que le ha llevado por todos los rincones de España divulgando sus recetas para alcanzar la felicidad.

Como apóstol de ese estado de ánimo, Duró recomienda comportarse con humildad, abjurar de los sentimientos negativos, arriesgar en la búsqueda del amor, apasionarse, mantenerse en buena forma física (porque vamos a vivir cien años), valorar el tiempo y las cosas pequeñas, y ocupar la mente con pensamientos positivos. Porque este hombre lleno de energía sostiene que cada uno de nosotros tiene la felicidad dentro de su cabeza, que es lo mismo que decir que ser feliz depende uno mismo.

Después de un breve café, el doctor Eduard Estivill brindó una lección magistral sobre la trascendencia que el sueño tiene en nuestras vidas. El 30% de la existencia la pasamos durmiendo; y si no lo hacemos correctamente, corremos un riesgo cierto de que la nuestra sea una existencia menos satisfactoria de lo que podría ser. El doctor explicó que el sueño es el “taller de reparación” del cuerpo y de la mente, por lo que tiene una gran influencia en nuestro bienestar.

Dio también unas pinceladas sobre la naturaleza de las tres fases del sueño: el superficial, el profundo y la fase REM. Habló sobre la importancia de la luz, la presión del sueño, la siesta, los ritmos circadianos, la melatonina, las ensoñaciones, los ronquidos… un sinfín de descubrimientos científicos y médicos en torno a esta función fisiológica de la que lo más relevante es saber que hay que concebirla y practicarla como un hábito, porque el sueño ni se recupera ni se acumula. Para estar sanos hay que dormir el número de horas necesarias a lo largo de las 24 horas que dura un día, ni más ni menos. Un número de horas que varía en función de la edad: entre 10 y 11 cuando somos niños, nueve en la adolescencia, ocho entre los 18 y los 65 años, y en torno a seis a partir de los 65.